Precaución con los tratamientos de láser

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Silvia Capafons, LA RAZÓN

Se aplica en todo y para todo, y en el terreno estético no podía ser menos. En medicina, ámbitos industriales o investigación científica está arraigado, desde hace tiempo, en la búsqueda de la perfección física, es el objetivo aún por alcanzar. Desde hace tres o cuatro años, la proliferación de láseres, supuestamente llamados de última generación, fulminantes con el vello o con las arrugas no ha hecho sino aumentar: láser llama a dinero. Ofertas del tipo: «Promoción especial ingles+axilas, 100 euros», «Descuentos en fotodepilación durante el mes de septiembre»… son una constante en los escaparates, ya no de clínicas médicas o centros de estética con profesional cualificado, también de aquellos sin médico especializado, peluquerías o, incluso, gimnasios.

Todo un peligro, porque no se puede dar un precio cerrado sin observar las características del paciente, ni deben ser aplicados la mayoría durante los meses en los que la piel permanece morena. El doctor Ricardo Ruiz, dermatólogo especializado en técnicas mínimamente invasivas y director de la Clínica Dermatológica Internacional, explica a LA RAZÓN que «el problema es que no existe uno que valga para todo y para cada patología hace falta una longitud de onda distinta: para la depilación o las manchas, una que sea absorbida por la melanina; para varices, otra que capte la hemoglobina. Los riesgos de su mal uso son múltiples: puede producir cicatrices, pigmentaciones, quemaduras.

El primer paso es que el dermatólogo, o el profesional oportuno, realice un correcto diagnóstico de la lesión y, a continuación, decida cuál es el adecuado». Pero la saturación en el mercado es tal, que después de tanto reclamo publicitario una persona no sabe si elegir para librarse del vello un Alejandrita o un Neodimio Yag, los clásicos, o decantarse por el novedoso Soprano, de diodo, que puede aplicarse incluso en pieles bronceadas, en pelo rubio y es indoloro (nada de esto imaginable con los anteriores). O si, a la hora de rejuvenecer la piel, es preferible el efectivo, aunque fulminante, CO2 (la estrella en los 90) en lugar de los nuevos fraccionados, más suaves en resultados, pero también en respetar la piel. Una vez más, el profesional marca la pauta.

Seguridad y eficacia

Según la doctora Escoda, médico estético de la Universidad de Barcelona y directora del Centro de Medicina Estética con su nombre,«actualmente el mercado del láser es estable, no suelen salir novedades, sólo mejoras sobre los ya utilizados. Recibimos al paciente en la consulta y le hacemos un cuestionario para comprobar que no haya ninguna incompatibilidad con el tratamiento. En función de ello, decidimos qué tipo utilizaremos y la potencia, así como la clase de pelo que tiene, en el caso de la depilación».

Otra duda habitual que surge es la siguiente: ¿láser o fotodepilación? La segunda utiliza la luz pulsada intensa con diferente longitud de onda, más económica porque la tecnología que necesita un láser es tres veces más cara. Para la doctora Escoda, «el láser es más rápido y cómodo con menor riesgo de quemadura y dolor» y para el doctor Ruiz, «aquellos con los que más experiencia hay y han demostrado mayor seguridad y eficacia son los Alejandrita y Diodo. A la hora del rejuvenecimiento facial, a finales de los 90 utilizábamos mucho el láser C02 con resultados magníficos y duraderos, pero había un 7 por ciento de pigmentaciones, 5 de herpes y 3 de cicatrices, y el paciente no podía salir de casa durante diez días.

Decálogo de la SEME

Hace dos años surgieron los fraccionados, que realizan pequeños orificios, por lo que la agresividad es menor y la reincorporación a la vida laboral inmediata, aunque los resultados no son tan espectaculares. Fraxel fue el primero y el más estudiado y también está el Píxel, el tiempo dirá cuál es el más efectivo a medio plazo». A falta de una legislación europea que controle el uso del láser en estética, una vez más por detrás de la práctica, sólo queda ser prudente. La SEME (Sociedad Española de Medicina Estética) no se ha hecho esperar y ha lanzado un decálogo orientativo: si son de baja potencia resultan ineficaces, para ser resolutivos han de ser de alta potencia y, por eso, utilizados por un médico.

Según la sociedad, los bajos precios unidos a la amplia oferta han llevado a que dos de cada diez mujeres recurran a esta técnica para eliminar el vello. Las cifras hablan solas.

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