Las necesidades del paciente con cáncer: la importancia de la imagen Corporal

Dra. Carmen Yélamos Agua. Psicóloga Especialista en Psicología Clínica. Directora Fundación Grupo IMO cyelamos@grupoimo.com

El cáncer es un problema de salud muy relevante en nuestro país y a nivel mundial. Los datos de incidencia del cáncer en España en 2012 eran de 215.534 casos (alrededor de 2/3 partes en pacientes ? 65 años), con una tasa estandarizada por edad de 215,5 casos por 100.000 habitantes por año, y un riesgo de presentar cáncer antes de los 75 años de 25,1%. La predicción para 2015 es de 227.076 casos, con un crecimiento de nuevos casos que se produce en mayor medida a costa de la población ? 65 años. El crecimiento de la población y su envejecimiento explicarían fundamentalmente este incremento (SEOM, 2014). Por sexos, la incidencia es mayor en hombres respecto de mujeres así como también lo es el incremento previsto para 2015.

Actualmente la supervivencia de los pacientes con cáncer sigue aumentando a un ritmo anual del 1%. Este aumento considerable de la supervivencia ha hecho que aumente el interés y los estudios sobre el impacto del diagnóstico y los tratamientos en la calidad de vida del paciente así como sobre las necesidades que surgen como consecuencia de la experiencia vivida. No debemos olvidar que el cáncer es una enfermedad que afecta a los diferentes ámbitos de la vida de una persona como el aspecto físico, el bienestar psicológico, el trabajo y las relaciones interpersonales, entre otros.

En este sentido, son cada vez más frecuentes los estudios que ponen de manifiesto las necesidades de atención y cuidado de la imagen corporal de los pacientes con cáncer durante y después del proceso oncológico. Los cambios físicos que se producen como consecuencia de la enfermedad o los tratamientos pueden asociarse a una insatisfacción corporal, a un deterioro en la percepción de la imagen corporal y suelen ir acompañados de un descenso de autoestima, colocando a la persona en una situación de alta vulnerabilidad psicológica.

La imagen corporal “es un constructo complejo que incluye tanto la percepción que tenemos de todo el cuerpo y de cada una de sus partes, como del movimiento y límites de este, la experiencia subjetiva de actitudes, pensamientos, sentimientos y valoraciones que hacemos y sentimos y el modo de comportarnos derivado de las cogniciones y los sentimientos que experimentamos” (Raich, 1996). La imagen corporal que cada individuo tiene es una experiencia subjetiva, y no tiene porqué haber un buen correlato con la realidad. Por lo tanto, la imagen corporal no está necesariamente correlacionada con la apariencia física real, siendo claves las actitudes y valoraciones que el individuo hace de su propio cuerpo.

La autoestima es un concepto claramente relacionado con la imagen corporal. La autoestima es definida por Rosenberg (1965) como una actitud o sentimiento, positivo o negativo, hacia uno mismo, basada en la evaluación de sus propias características, e incluye sentimientos de satisfacción consigo mismo.

Ambos términos, imagen corporal y autoestima, forman parte del autoconcepto.

Numerosos estudios muestran como la insatisfacción con la imagen corporal correlaciona negativamente con la autoestima y el autoconcepto. El bienestar emocional y subjetivo se ve alterado en muchas ocasiones por esta situación; y el autoconcepto, tanto la autoestima como la imagen corporal, y el ámbito sexual, reflejan dichos cambios.

Fernández (2004) ha clasificado las variables que influyen en el cambio en la imagen corporal de las personas que padecen cáncer, señalando:

  • El tipo de cambio físico que experimenta, la localización y el grado de discapacidad asociado: Los estudios muestran mayor carga emocional cuando el tumor afecta al área de la cabeza y del cuello (importante papel de la cara en la interacción social, la comunicación y expresión emocional). Por otra parte, hay evidencias de que los tratamientos quirúrgicos radicales presentan mayores problemas psicológicos y adaptativos que los tratamientos quirúrgicos conservadores. Por último, los enfermos con mayor riesgo de desarrollar problemas psicológicos y sociales son aquellos que presentan una mayor deformidad y disfunción física.
  • Reacción del entorno y apoyo social percibido: La imagen corporal va variando en función de las experiencias. La aceptación y el apoyo de familiares y amigos juega un papel clave para facilitar la aceptación de la nueva imagen corporal.
  • La disponibilidad y acceso a los recursos necesarios: el uso de pañuelos, gorros, pelucas y prótesis, adecuadas y adaptadas a las necesidades de cada paciente o el acceso a métodos de reconstrucción quirúrgica va a facilitar que la persona pueda superar las necesidades que surgen como consecuencia de la enfermedad y los tratamientos.
  • Características de la personalidad. Es cada vez más frecuente en la literatura encontrar publicaciones que reflejan la existencia de rasgos protectores y potenciadores del bienestar como el optimismo, la flexibilidad, locus de control interno,… características que se han relacionado con la resiliencia y el crecimiento postraumático.
  • La valorización o significado que la persona realiza de la alteración física concreta, ya que lo importante no siempre es el cambio objetivo que ha sufrido la persona sino el significado que le atribuye. Esta valoración está mediada por las creencias que posee el individuo sobre su imagen corporal, sus habilidades de afrontamiento y sus características de personalidad.

Las alteraciones de la imagen corporal pueden concretarse en dos aspectos (Cash y Brown, 1987):

  • Alteración cognitiva y afectiva: insatisfacción con el cuerpo, sentimientos negativos que nuestro cuerpo suscita.
  • Alteraciones perceptivas que conducen a la distorsión de la imagen corporal.

No está clara la relación entre estas variables, algunos autores señalan que las personas insatisfechas con su cuerpo tienen distorsiones perceptivas, y otros autores señalan que no. La correlación entre medidas de evaluación perceptivas y subjetivas no siempre es alta (Cash y Pruzinsky, 1990). En general, la insatisfacción corporal ocurre si un individuo interioriza el cuerpo ideal, el determinado culturalmente, y por comparación social concluye que su cuerpo discrepa de ese ideal.

Cuando la preocupación por el cuerpo y la insatisfacción con el mismo no se adecúan a la realidad, ocupan la mente con intensidad y frecuencia, y generan malestar interfiriendo negativamente en la vida cotidiana hablamos de trastornos de la imagen corporal.

Las consecuencias de la insatisfacción con la imagen corporal son variadas, así cursa con pobre autoestima, estados de ánimo deprimidos, ansiedad interpersonal, inhibición y disfunciones sexuales, desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria, etc.

El estudio de la imagen corporal en pacientes con cáncer es un tema complejo por diversas razones, ya que aparte de ser un área relativamente nueva de estudio y que se ha centrado prácticamente de forma específica en pacientes con cáncer de mama, se trata de un campo muy amplio con muchas posibilidades de evaluación e intervención, lo que complica la posibilidad de generalizar los resultados.

Sin embargo, será necesaria su cobertura y apoyo por parte de TODOS los profesionales implicados en la relación terapéutica y de ayuda al paciente con cáncer con el objetivo de garantizar la mejor atención posible.

Los profesionales tenemos la obligación ética de facilitar apoyo y cobertura de todas las necesidades del paciente, entre ellas, la imagen corporal puesto que ello permite al paciente afrontar mejor el proceso de enfermedad y tratamiento así como la vida después de un cáncer a la vez que manejar más eficazmente los procesos de toma de decisiones y solución de problemas y por ende, mejorar su calidad de vida.

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